En una operación militar sin precedentes, Estados Unidos lanzó un ataque aéreo contra tres instalaciones nucleares en Irán, utilizando al menos seis bombas antibúnker de gran tonelaje tipo GBU-57A/B. El operativo, llevado a cabo por bombarderos estratégicos B-2 Spirit, apunta directamente a la planta subterránea de Fordow, así como a los complejos de Natanz y Esfahan.
Según fuentes del Departamento de Defensa, los aviones B-2 despegados desde la base Whiteman en Missouri sobrevolaron territorio aliado para realizar múltiples reabastecimientos aéreos antes de ingresar al espacio aéreo iraní. Los objetivos fueron alcanzados poco antes de la medianoche, hora universal, del 21 de junio.
El principal blanco del ataque fue la instalación nuclear de Fordow, ubicada al sur de Teherán, considerada la más protegida del programa nuclear iraní por estar construida dentro de una montaña. Funcionarios estadounidenses confirmaron que al menos 12 bombas antibúnker fueron utilizadas en ese sitio específico, con el objetivo de inutilizar la capacidad de enriquecimiento de uranio de alto nivel.
De acuerdo con el expresidente Donald Trump, quien publicó un mensaje en la red social Truth Social poco después del operativo, “Fordow is gone” (“Fordow ha desaparecido”), lo que confirmaría el grado de destrucción causado por las bombas.
Las bombas utilizadas, conocidas como Massive Ordnance Penetrators (MOP), son capaces de perforar hasta 60 metros de concreto reforzado antes de detonar. Cada B-2 puede transportar hasta dos de estas bombas, lo que implica que al menos tres aeronaves participaron en el ataque.
Además, informes internacionales señalaron el uso de misiles de crucero Tomahawk lanzados desde buques en el Golfo Pérsico, dirigidos principalmente a instalaciones en Natanz y Esfahan.
El gobierno iraní confirmó que “algunas instalaciones nucleares” fueron atacadas, aunque evitó mencionar directamente a Fordow. Las autoridades aseguraron que el personal fue evacuado con antelación y que los daños están siendo evaluados.
Sin embargo, medios locales reportaron fuertes explosiones subterráneas en la región de Qom, lo que coincide con la ubicación de Fordow. En respuesta, Irán calificó el ataque como una “violación grave del derecho internacional” y advirtió que “la respuesta llegará en el momento adecuado”.
El Consejo de Seguridad de la ONU convocó una sesión de emergencia, mientras que potencias europeas expresaron preocupación por una posible escalada regional. Analistas alertan sobre el riesgo de represalias por parte de Irán o sus aliados en la región.
En Estados Unidos, legisladores del Congreso exigieron una explicación al Ejecutivo, señalando que no hubo autorización legislativa para una acción de esta magnitud, mientras se reavivan los debates sobre la autoridad presidencial en el uso de la fuerza militar.
Expertos consideran que el ataque, aunque exitoso desde el punto de vista táctico, podría acelerar el programa nuclear iraní si Teherán decide expulsar a los inspectores del OIEA, o abandonar de forma definitiva el acuerdo nuclear de 2015.
Además, la acción refuerza la alianza estratégica entre Estados Unidos e Israel, que en días anteriores ya había llevado a cabo ataques aéreos selectivos contra instalaciones militares iraníes en Siria y Líbano.




