Un gobierno incapaz de dar seguridad a sus ciudadanos no sirve para nada. Ese es el gobierno de Enrique Alfaro, en Jalisco. Está más preocupado y ocupado en combatir a sus adversarios políticos que a la delincuencia.
Los datos son contundentes. En el gobierno de Alfaro, el Cártel Jalisco Nueva Generación se adueñó del estado. La zona metropolitana de Guadalajara, la capital, se convirtió en escenario de enfrentamientos, ejecuciones y secuestros a plena luz del día entre bandas del crimen organizado. Puerto Vallarta recibe al turismo bajo el tufo del narco que se respira por todos lados. Ahí asesinaron a Aristóteles Sandoval Díaz -antecesor de Alfaro- cuya ejecución permanece impune. Plaza Andares, en Zapopan, uno de los centros comerciales más grandes y lujosos de América Latina, se convirtió en el paseo cotidiano de los capos y escenario de sus enfrentamientos a tiros. Y por si le faltara algo, los feminicidios están fuera de control.
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