Cuatro meses después de que un árbol derribara la estatua de bronce del expresidente Felipe Calderón, ubicada en la Calzada de los Presidentes dentro del recinto cultural de Los Pinos, la escultura permanece en el suelo, olvidada entre lodo, hojas secas y tierra.
La pieza, elaborada en 2012 por el escultor Ricardo Ponzanelli, fue derribada por la caída de un pino durante intensas lluvias que azotaron la Ciudad de México en el mes de julio.
A pesar del tiempo transcurrido, la estatua sigue sin ser recolocada en su pedestal. La base que originalmente sostenía la escultura está dañada, mientras que la placa con el nombre del expresidente continúa en su lugar, pero la estatua yace a pocos metros, expuesta a las inclemencias del clima.
Hasta la fecha, ni los trabajadores del complejo ni las autoridades competentes han ofrecido una explicación sobre el retraso en el proceso de reparación o reinstalación de la escultura. No se ha dado a conocer si existe un plan de reparación o una fecha estimada para su reinstalación.
Para los visitantes de Los Pinos, la imagen del lugar resulta inusual y sorprendente. Al pasar cerca del espacio donde se encontraba la estatua, se pueden escuchar expresiones de asombro como “Tsss”, “Mira nada más” o “¡Se cayó la de Calderón!”, evidenciando el desconcierto entre quienes se encuentran con la escultura tirada en el suelo, en lugar de en su pedestal original.
Este incidente, aunque aparentemente insignificante, plantea interrogantes sobre el cuidado y mantenimiento del patrimonio en el emblemático complejo de Los Pinos, que desde su apertura como espacio cultural ha sido objeto de numerosas visitas y actividades institucionales. La falta de respuestas claras sobre el futuro de la estatua de Felipe Calderón podría también generar repercusiones en la percepción pública sobre la gestión y el manejo de este espacio.




